Belén Esteban se carga a los novios de Andreíta

13.02.2017 16:14
Bin Laden, que servidora sepa, no ha sufrido la misma persecución. Que no sé qué hace Javier Urra que no se pone un carcaj y sale en su búsqueda con ese cabello tan espeso al viento cual Mi pequeño Pony. Ya sé que ya no es el defensor del Menor pero tampoco iba a preocuparme de buscar en Google quién es el nuevo. Que dejen a Belén tranquila como lo que es, una madre coraje y un icono de la postmodernidad.
 
 
Lo pensaba viendo Sálvame de Luxe con un Jorge Javier 'Rey Catódico' y 'Grande de España', si Warhol, el hombre, viviera: 1º. ¿Cómo tendría el flequillo? 2º. ¿Lo mantendría lacio o se habría hecho unas tenacillas como la Duquesa de Alba, que le gusta el afro más que a Eugenia un comunicado oficial? Y 3º. ¿A quién eligiría para cenar en el Palace como hizo otrora con Pitita y Ana García Obregón con vestido globo y rodillas infames? No me cabe duda: a Belén Esteban. Si es como nuestra Lana Turner española. Le falta cargarse a un novio futuro de Andreíta.
 
Y le habría hecho mil retratos. O mejor, videoinstalaciones con ella diciendo verdades como puños como: «Por mi hija, ma-to», que a mí me pone los vellos como escarpias. Ni Liz Taylor volvería a tener otra serie litográfica, la pobre, que está como una calcamonía por la pérdida de Michael Jackson, mientras la madre putativa del muchacho de nariz implosionada, nunca había tenido un cutis mejor. Que Michael le ha dejado varios botes de La Prairie en herencia además de esos niños que tienen pinta de estar al tanto de los últimos y más exclusivos avances tecnológicos en belleza y estética.
 
Ni tampoco Elvis Presley nos apuntaría con su revólver que, aún gordo gordísimo, no hay quién lo encuentre. Como a Isabel Preysler en la Fashion Night. Todo el mundo, propios y extraños que me resulta tan cursi la coletilla, se preguntaba ¿Dónde está Isabel? ¿Dónde está Isabel? Daban ganas de responder: «Haciendo escabeches» pero no quería pasarme de ochentosa.
 
Además, Millán Salcedo con las mismas trazas que Cayetano vestido por Armani, o seasé, terrible, estaba por allí cerca y pasaba de hacerle competencia. Servidora tenía a Carmen Lomana dirigiendo mis pasos entre zanjas y tuneladoras aunque, los suyos, entre los brillantes y corales de sus sandalias, sufrieran una gincana perpetua. «Estoy fascinada, la gente me quiere y los jóvenes me adoran cuando podrían ser mis nietos».
 
Normal, nadie ha tenido una abuela así de estupenda. La mía era más como Alfonso Díez. Con la cocorota rala. Pero ella abría los ojos como platos, igualito igualito a cuando servidora descubrió los affaires continuos de Jesús Mariñas y Rafael Amargo. A punto estuve de darme un atracón de campurrianas con Cola Cao como Antonio de la Torre en la última película de Sánchez Arévalo para, del azúcar, quitarme esa imagen de la cabeza y sustituirla por una apoplejía. Y lo peor, cuando el niño del bailaor decía a su madre: «Mamá, un señor mayor dice que fue novio de papá en la tele». A mí, me definen como «señor mayor» y ese niño ya puede ir corriendo por donde no haya cantos.Bin Laden, que servidora sepa, no ha sufrido la misma persecución. Que no sé qué hace Javier Urra que no se pone un carcaj y sale en su búsqueda con ese cabello tan espeso al viento cual Mi pequeño Pony. Ya sé que ya no es el defensor del Menor pero tampoco iba a preocuparme de buscar en Google quién es el nuevo. Que dejen a Belén tranquila como lo que es, una madre coraje y un icono de la postmodernidad.
 
Lo pensaba viendo Sálvame de Luxe con un Jorge Javier 'Rey Catódico' y 'Grande de España', si Warhol, el hombre, viviera: 1º. ¿Cómo tendría el flequillo? 2º. ¿Lo mantendría lacio o se habría hecho unas tenacillas como la Duquesa de Alba, que le gusta el afro más que a Eugenia un comunicado oficial? Y 3º. ¿A quién eligiría para cenar en el Palace como hizo otrora con Pitita y Ana García Obregón con vestido globo y rodillas infames? No me cabe duda: a Belén Esteban. Si es como nuestra Lana Turner española. Le falta cargarse a un novio futuro de Andreíta.
 
Y le habría hecho mil retratos. O mejor, videoinstalaciones con ella diciendo verdades como puños como: «Por mi hija, ma-to», que a mí me pone los vellos como escarpias. Ni Liz Taylor volvería a tener otra serie litográfica, la pobre, que está como una calcamonía por la pérdida de Michael Jackson, mientras la madre putativa del muchacho de nariz implosionada, nunca había tenido un cutis mejor. Que Michael le ha dejado varios botes de La Prairie en herencia además de esos niños que tienen pinta de estar al tanto de los últimos y más exclusivos avances tecnológicos en belleza y estética.
 
Ni tampoco Elvis Presley nos apuntaría con su revólver que, aún gordo gordísimo, no hay quién lo encuentre. Como a Isabel Preysler en la Fashion Night. Todo el mundo, propios y extraños que me resulta tan cursi la coletilla, se preguntaba ¿Dónde está Isabel? ¿Dónde está Isabel? Daban ganas de responder: «Haciendo escabeches» pero no quería pasarme de ochentosa.
 
Además, Millán Salcedo con las mismas trazas que Cayetano vestido por Armani, o seasé, terrible, estaba por allí cerca y pasaba de hacerle competencia. Servidora tenía a Carmen Lomana dirigiendo mis pasos entre zanjas y tuneladoras aunque, los suyos, entre los brillantes y corales de sus sandalias, sufrieran una gincana perpetua. «Estoy fascinada, la gente me quiere y los jóvenes me adoran cuando podrían ser mis nietos».
 
Normal, nadie ha tenido una abuela así de estupenda. La mía era más como Alfonso Díez. Con la cocorota rala. Pero ella abría los ojos como platos, igualito igualito a cuando servidora descubrió los affaires continuos de Jesús Mariñas y Rafael Amargo. A punto estuve de darme un atracón de campurrianas con Cola Cao como Antonio de la Torre en la última película de Sánchez Arévalo para, del azúcar, quitarme esa imagen de la cabeza y sustituirla por una apoplejía. Y lo peor, cuando el niño del bailaor decía a su madre: «Mamá, un señor mayor dice que fue novio de papá en la tele». A mí, me definen como «señor mayor» y ese niño ya puede ir corriendo por donde no haya cantos.