La Campanario domina a Jesulín

09.01.2017 16:27
LA «CAMPA» MANDA. La Campa manda. La campaña de encumbramiento de Jesulín continúa. El lunes, Pánico en el plató (A3) le llevó para ofrecernos su cara más humana y también le vimos en Espejo Público (A3), pero hay veces que la sobreexposición pasa factura y los asesores de Jesulín tenían que haber previsto que, sin montaje posterior, sin censura, Jesulín pierde. El programa fue impecable, nos hizo ver al torero y a la «Campa» tal y como son, es decir cumplió su función milimétricamente, pero ése fue el problema para ellos, que quieren vendernos algo que no es. Dejando a un lado esa campechanería (por no decir ordinariez) de Jesulín, que puede resultar enternecedora, lo que más llamó la atención fueron algunos comentarios de su mujer, que demostró que, en efecto, no puede evitarlo, le lleva recto como un junco. Ella sonreía, gastaba bromas, pero desde el primer momento en el que pidió que se pusiera los pantalones más bajos (cosa que no tenía sentido porque estaba sentado) hasta cuando él no se atrevió a pronunciar el nombre de su primera novia y ella dijo, por lo bajini: «no se atreve porque me teme», todo quedó claro. La Campa, mejor como amiga.
 
 
LOCURA Y JUICIOS. Parece que los gritos, los insultos y las venas henchidas empiezan a sustituirse por los ojos hinchados. La nueva modalidad de entrevista es la del lado humano, un concepto que nunca he entendido, pero vamos, que suele acabar con el invitado emocionado, agradecido y empapado en un mar de fluidos. María José Cantudo protagonizó una entrevista de este tipo en Tal cual (A3). Estaba allí para celebrar que ha ganado el juicio a Blanca Villa y contar su calvario. Por una parte, narró que había una conspiración en su contra en la que participaban ex novias de sus ex novios y otra gente. Pero lo más espeluznante fue cuando explicó que había estado a punto de perder la cabeza. Si lo que contó es cierto, la verdad es que tiene un mérito enorme que haya salido de aquello. Para mi gusto, la descripción fue demasiado detallada. La imagen de María José tirada en el suelo en una esquina de su cuarto, tirándose de los pelos, gritando y meciéndose, es difícil de borrar. Preferimos la de Las Leandras o la belleza total de La trastienda.
 
ENTREVISTA HUMANA. En esa misma línea compareció el viernes en Sálvame Deluxe (T5) Julián Muñoz. Lo cierto es que fue una entrevista extraordinaria porque, si no hubiéramos visto esos pantalones sobaqueros y ese bigote inconfundible, podríamos haber pensado que aquél no era Julián Muñoz. Hubo algún comentario (imprescindible en este tipo de comparecencias) donde se dijo que realmente no le conocíamos y que estaba sorprendiendo a la audiencia. Muñoz estuvo ecuánime, sosegado, incluso elegante, por muy imposible que parezca si juzgamos su gusto para elegir cazadora. Pero el punto de inflexión de la entrevista llegó cuando dijo que igual de digno era ser camarero que alcalde. Esto, por supuesto, levantó una oleada de aplausos, pero esa declaración conviene escucharla dos veces. ¿Igual de digno? Hombre, en algunos casos, tal y como está el país, pues no. Ser camarero es mucho más digno, un poco de respeto.
 
MÓVILES Y PLANCHAS. Esta semana ha acabado Curso del 63 (A3). La serie ha tenido algunos momentos que podrían calificarse de memorables, la mayoría protagonizados por Carmen, que recuerda pavorosamente a esa chica que se ha hecho tristemente famosa por sus declaraciones de «la he liao parda» después de causar una catástrofe en una piscina municipal. Carmen tiene una filosofía de vida sencilla. La disciplina se la pasa por aquí. Pero quizá el instante más llamativo de todo el reality fue en el que les devuelven a las chicas sus pertenencias de 2001. Quizá en la próxima edición deberían trabajar el asunto del apego porque, desde luego, mostraron más emoción (en algunos casos rozando el ataque de histeria) al recuperar sus planchas para alisar el pelo, sus sujetadores con relleno o el móvil que al ver a su familia. Alarmante.
 
RAPADA AL CERO. Aramís llevaba amenazando mucho tiempo, pero su reto era del tipo de Pepe, aquel hijo del jefe íbero de Asterix en Hispania, que aguantaba la respiración para protestar por algo. «Os vais a fastidiar y me voy a rapar el pelo», era un poco la filosofía del acto que cumplió en DEC (A3). Incomprensible. En cualquier caso, lo del afeitado es lo de menos, lo increíble fue el proceso. En primer lugar, no entendemos por qué una pobre chica tuvo que servir de conejillo de Indias. Aramís apareció con maquinilla en mano diciendo: «esto es lo que voy a hacer», mientras rapaba a una pobre muchacha, ¿era necesario? Y lo mejor fue cuando, en un intento fútil por librarse, dijo que su religión le prohíbe cortarse el pelo. Le preguntaron que cuál era su religión y dijo que la Aramlogía. Buen intento, pero no, aquello estaba firmado por contrato y ahora ya podrá ponerse sus pelucas más a gusto.