Las noches de rojo satén

02.05.2017 02:47
Hace una década copaban el 'top 10', este fin de semana se reparten medio millón de euros en Marbella. Las viejas glorias del tenis se reúnen en Marbella para compartir risas y voleas. Y los recogepelotas, por supuesto, de Lacoste.
 
Si las estrellas del rock se retiran a Las Vegas y el jubilado se cuida el reúma en Benidorm, ¿qué hace el tenista cuando tira la toalla? El Inserso del top ten está en Marbella, en la mismísima Milla de Oro. Donde el champán sólo es Möet Chandon y el jersey se lleva anudado sobre los hombros. Boris Becker, un asiduo, lo tiene claro: él «sólo monta en Mercedes». Así que, puntualmente cada año, aquí le tienen flotilla para sus correrías.
 
 
La Copa Davis de los abuelos dura un fin de semana (siempre en julio), se llama Nations Senior Cup y, sí, usted también está invitado. Previo pago de la módica cantidad de 9.730 euros. A cambio, podrá pegar unos raquetazos con Sergi Bruguera, comprobar si Jim Courier juega al golf tan bien como asegura, tomarse unas copas con Becker y alternar con famoseo tipo Lorenzo Quinn. Además de alojarse deluxe en el Hotel Puente Romano, donde se juega el torneo, y asistir a los partidos.
Ah, que quiere traerse a un amiguete: 2.500 euros del ala más.Tan exclusiva es la cosa -aunque, por supuesto, también hay entradas no-vip baratas-, que anteayer al propio Emilio Sánchez-Vicario, organizador a la sazón, le negaban el acceso a las pistas. «Será que no tengo categoría suficiente», decía él, chafado.
 
Su hermana, por cierto, fue la estrella de la fiesta del año pasado, bailoteando en plan Britney Spears mientras un Becker descamisado (no en la acepción de Alfonso Guerra) la montaba en el escenario, desafinando junto a Yannick Noah (foto de abajo).Porque el Nations Senior Cup -una suerte de resort tenístico de pulserita y todo incluido, también los masajes gratis a periodistas- se juega realmente en dos pistas: de día, la de tierra batida de Puente Romano, y de noche la de la discoteca Suite del Mar, un vaporoso chill out a pie de playa, dentro del mismo complejo, a 50 euros la hamaca-reservado. Para terminar con los números: por pegar cuatro voleas y tomar unos finos durante tres días, las 12 viejas glorias participantes (además de los mencionados, Carles Costa y Michael Stich entre ellos) se reparten medio millón de euros en concepto de honorarios. A estos efectos, da igual quién gane. El vencedor se llevará una estatuilla realizada por el mismísimo Lorenzo Quinn, que por algo esto es Marbella.
 
Jim Courier, el showman de esta edición -como el francés Henri Leconte lo fue la pasada-, lo entendió a las primeras de cambio: «¿Más preguntas? ¿Más cerveza?», les decía a los periodistas el jueves en la rueda de prensa tras su primer partido, en vista de que nadie preguntaba. Igual que Chesnokov, que le soltaba de vez en cuando a su pareja de dobles, el presentador de TVE Sergio Sauca, su única frase en castellano: «¡Vamos a la playa!».
Otra de las estrellas: un melenudo Sergi Bruguera. ¿Le recuerdan sufriendo (y haciendo sufrir a media España) cada junio en Roland Garros? Pues tan pimpante pasea estos días sus 33 años por Puente Romano. Lejos de los tormentos que le llevaron a la retirada, reconvertido en importador de «un producto que le quita los olores a las neveras» llamado Forever Fresh, y jugando al fútbol en la Segunda Territorial catalana -de «lateral o interior derecho» en La Esquerra del Eixample-.
 
Y quién lo iba a decir: en Puente Romano se sustanció anteayer un contencioso histórico. Hace ahora 11 años, precisamente Courier y Bruguera se jugaban el título parisino en una final a corazón abierto, de las de cinco sets y desempate. Entonces, casi porque de algún lado tenía que caer, la moneda cayó del lado de Bruguera. Pues bien, ellos dos, precisamente, abrieron la Nation Senior Cup.
 
«Llevo 11 años esperando ésto. ¡11 años de miseria! ¡11 años sin dormir!», se reía Courier al principio. Así que allá se fueron los dos, Sergi aún con su tremendo drive látigo, Courier tirando de su eterno tenis-béisbol, usando como siempre la raqueta cual bate. Un periodista le preguntó después al de Miami por qué abandonó el tenis -él respondió: «¿Juegas al golf?»-, y la pregunta era pertinente: qué fuerza. Sergi se atrincheró en su revés cortado.
Fueron, en fin, los de siempre con una velocidad menos. Courier bromista, Sergi atormentado. El catalán peroró consigo mismo, bufó cuanto quiso, se insultó como antaño. El de EEUU imitó a una gallina, hizo de viejecito, dialogó con el público. De pronto, Sergi conecta dos passing shots y algunos labios abandonan el champán. Falsa alarma. Courier vuelve a la carga y Sergi le grita: «¡Eh, que estamos retirados!». «¡Menos hablar, más jugar!», contesta Courier. La venganza, tanto tiempo después, está consumada. Y España, eliminada.
 
La imagen habla por sí sola -más aún, la mueca de Yannick Noah (y más todavía su boca)-. Dura vida la del tenista. En la fiesta de despedida de la Nations Senior Cup 2003, Noah se invistió de Bob Marley redivivo y armó el taco en la discoteca, secundado por un no menos entusiasta Becker. Alguien de la organización sugería, entre risas, un cierto pacto: «Ellos dejan ganar a España, y así vienen cada año a Marbella a pasarlo bien». Pero no. Emilio y compañía cayeron en la primera jornada, y tendrán sucesor en el palmarés hoy, cuando se dispute la final (en lo que a tenis se refiere: luego vendrá la final 'lúdica' y la previsible noche de rojo satén).
Manolo Santana, el visionario que ya hace décadas montó en Marbella su Santana Raquets Club, ejerce de padrino y Chairman honorario del «evento» -además de llave para lograr el apoyo del Ayuntamiento antes regido por el extinto Jesús Gil y Gil-. Pero el verdadero maestro de ceremonias del Senior Cup es Emilio Sánchez-Vicario, retirado, aunque todavía tenista a tiempo completo.
 
Jefe de una escuela en Barcelona junto a Sergio Casal, comentarista televisivo, muy asiduo del circuito «para mayores» y, en definitiva, salvoconducto para aglutinar voluntades y lograr 'pasta', el verdadero aceite de todo este engranaje. El mismo lo explicaba el jueves: «Es un montaje muy corporativo, ésa es la palabra.En cualquier torneo del circuito, tú juegas y te vas a tu casa.Aquí hay interacción con los patrocinadores, cenas con ellos, juegas al pádel con ellos... Es una oportunidad para invitar a gente, para quedar bien con un cliente...».
Resultaba curioso, en otro orden de cosas, ver a su hija Victoria, de apenas dos años, preguntándole: «Papá, ¿dónde está Sergio [Bruguera]?». En los primeros años 90, los clanes de ambos se esperaban en las esquinas del circuito de la ATP para asestarse navajazos, ya fuera a cuenta del equipo de Copa Davis o de un 'quítame allá ese entrenador'. Emilio, incluso, venía a reconocerlo ayer: «Pasaron cosas, sí». Aunque con una sonrisa explicaba: «Pero eran más los entornos de ambos. La gente siempre quiere mantener su poder. Nosotros siempre nos hemos llevado bien. ¡Son tantos años! El tiempo le da otra dimensión a las cosas». Desde luego, en Marbella parecían estos días uña y carne.