Manhattan en el corazón

06.05.2017 21:54
Las dos Españas se enfrentan ahora dentro de una sola, o sea Ferraz. Descamisados y biutiful han iniciado su guerracivilismo, han roto las hostilidades. Alfonso Guerra es el capitán popular de los descamisados y Carlos Solchaga (cuya ascensión pronostiqué hace meses por una televisión), el nuevo líder de la «beautiful people», que las marujonas le dicen biuuful a la gente guapa. Don Alfonso Guerra, desde siempre, ha llevado el partido, ha ido de un lado para otro con los cienañosdehonradez en un maletín, como Franco llevaba el brazo de Santa Teresa. 
Guerra ha sido y es el capitán natural de esos descamisados que aparecen ya en los cuadros de Goya, fusilados por gente extranjera o extranjerizante, como Boyer, Solchaga y don Mariano Rubio. Guerra quería hacer un socialismo de Cuatro Caminos, «ciudad sagrada del marxismo», como definiera el barrio don Agustín de Foxá. Boyer quería hacer una socialdemocracia de Loewe.
La primera guerra de guerrillas la perdió el señor Preysler, y con ella el supercargo, hasta que arrojó el carnet como Guzmán el Bueno él cuchillo y Moscardó el consentimiento para la muerte de su hijo, o sea la frase/daga «el Alcázar no se rinde», que anticipaba ya la retórica numantina de Cifesa, una especie de general con las bragas de hierro de Aurora Bautista (lo que no quita heroismo ni respeto al caso/Moscardó, como no le quita distinción y touche al caso/Boyer). La filosofía monetarista de Boyer la han estudiado Solchaga y su escuela como superación de Friedman y Stuart Mill y, lo que es peor, la han aplicado a la economía y a la vida. Mientras Guerra vive en un chalet de Las Rozas, como un particular, Boyer se ha fabricado una Moncloa con muchos sanitarios, aprovechando que su señora los anuncia y les hacen un precio. No valoro yo un estilo de vida más que otro. Salazar, el tirano lisboeta sebastianista (ver salazarismo de Pessoa en Raúl Morodo, siempre lo digo), no bebía más que agua. Franco era incluso abstemio del agua. 
Y son dos tiranosaurios, como diría el cervantizado Roa Bastos. Salvador Allende decía la oligarquía chileno/yanqui que gastaba mucho en whisky y en comida para sus perros, en vista de lo cual le asesinaron al amanecer y en pijama, para evitar tanto desperdicio de alimento, como diría Manuel Hidalgo. Pese a tener un hermano parado que confiesa haber trabajado mucho mientras cobraba el paro (y eso ya sería razón para embaularle), Alfonso Guerra sigue dándole al partido su pátina pauloeclesial, su estofado ético, honrado, socialista, mayormente en los mítines. Pese a mirar todos los días Azca, desde la ventana de su despacho, para sentirse soñadoramente en Manhattan (Azca lo tiene enfrente, Manhattan en el corazón), Solchaga ha conseguido superar el asquito que le daban los sindicatas y, sobre todo, ha vendido bienestar a domicilio y casi todo el mundo le ha comprado la lavadora. Quiere decirse que el socialismo de Guerra consiste en vender pobreza y el de Solchaga en repartir chalets adosados al culo. Son dos demagogias contrapuestas e idénticas. 
La demagogia del trabajo y la del dinero. Guerra lee a Machado y Solchaga a Stuart Mill. Uno quiere hacer socialismo de partido y el otro quiere socialismo de golf/Estepona. Pero todos son muy socialistas. Descamisados y gente guapa. Sólo que Guerra está lastrado de guerrismo y Solchaga está lastrado de inflaccionismo. A los descamisados oficiales les ha pasado por la izquierda Nicolás Redondo y la gente guapa está viviendo/muriendo sus últimos días de Pompeya (opas, divorcios, desbragues, abascales, dinero negro, coca, chávarris, espartacos) por causa de la Prensa vaginal, financial y amarillísima, tal que nosotros. Entre ambas demagogias, la de oro falso alemán y la de mierda, entre ambos socialismos, el capitalista y el mahleriano, ¿dónde nos hemos olvidado el socialismo tal cual?